La población mundial crece sin parar, nos dirigimos hacia una sobrepoblación cuyas consecuencias hacen prever un planeta en el que la falta de recursos y la degradación del medio ambiente le harán insostenible en términos de habitabilidad. La humanidad ha de tomar decisiones encaminadas a frenar una inercia que lleva de frente hacia una muy probable extinción de la raza humana.
La sostenibilidad medioambiental es esencial para preservar nuestro planeta y asegurar el futuro a las próximas generaciones. Implica la gestión responsable de los recursos naturales, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la protección de la biodiversidad. También implica un conjunto de toma de decisiones a nivel global basadas en gran cantidad de datos, información, criterios éticos, realidades culturales, aspectos geopolíticos, cuestiones todas ellas nada fáciles de conciliar y objetivar desde el interés común de los habitantes de un planeta llamado Tierra.
A las puertas de 2024, podemos pensar que en este completo escenario de análisis de datos, circunstancias y realidades, la inteligencia artificial pudiera ser un instrumento válido de ayuda en dar soporte a una parte importante de esas decisiones que hemos de tomar más bien pronto que tarde.
Se me ha ocurrido preguntarle a la propia IA a través de ChatGPT sobre su posible participación y ayuda en esta importante tarea de la humanidad. Y esta ha sido la respuesta:
“La inteligencia artificial (IA) puede ser una poderosa aliada en la toma de decisiones relacionadas con la sostenibilidad medioambiental. La IA puede analizar grandes conjuntos de datos ambientales, crear modelos de simulación, optimizar recursos, monitorear el entorno y ofrecer recomendaciones basadas en datos para líderes y legisladores. Esto facilita la comprensión de los problemas ambientales, la predicción de impactos, la eficiencia en la gestión de recursos y la detección temprana de eventos no deseados. Sin embargo, es crucial que se utilice de manera ética y responsable para garantizar que las decisiones sean beneficiosas tanto para el medio ambiente como para la sociedad.”
La cuestión es que la recomendación de ChatGPT, sobre un uso de la misma “de manera ética y responsable”, debería de evitar que dicha inteligencia concluya que efectivamente los habitantes del planeta Tierra somos excesivos y que nuestro comportamiento irreconducible nos hace merecedores y condena a comenzar de nuevo. La extinción a través de un holocausto nuclear sería la conclusión y decisión que ella misma, la inteligencia artificial, se encargará de provocar.
En 2013, la escritora norteamericana Kass Morgan plasmó esta ficción en la novela “Los 100”, la primera de cuatro, que en 2014 fueron llevadas en Estados Unidos a la seré televisiva de siete temporadas, del mismo nombre, por CBS Television StudiosWarner Bros.
Yo me la encontré casualmente en la plataforma Netflix . Estuve a punto de no pasar del primer capítulo de una serie que pintaba una historia de y para adolescentes, y poco más. Aguanté el tirón, y el asunto se fue liando y haciendo más complejo, hasta llegar a la tercera temporada. Me sorprendió.
No quiero entrar en la cuestión de si la serie es buena o mala, si me gusta o no me gusta. Si te gusta el género de ciencia ficción, está aceptable, sin más. Lo que realmente a mi me interesa es la reflexión de cómo hace una década (2013) todo el argumento fue concebido y recreado en un escenario donde la IA surge y juega un papel que hoy sería pura y plena actualidad. Aunque la IA no es nada nuevo, el informático John McCarthy acuñó por primera vez el término inteligencia artificial durante la conferencia de Darmouth de 1956, considerada el germen de la IA, y pienso que tal como se recrea en la serie algunos conceptos y enfoques serían más propios de hoy en día, diez años después.
Hace tan sólo unas semanas, en OpenAI ha tenido lugar un importante conflicto con la destitución de su CEO, Sam Altman, su retorno al cargo tan sólo cinco días después de haber sido despedido, y las intenciones poco claras de Microsoft en todo este asunto. Los motivos de fondo parecen estar muy relacionados con una diferencia de criterios interna en OpenAI sobre dónde poner los límites en el desarrollo de la IA.
En la actualidad se han levantado importantes voces solicitando una demora en el desarrollo de la IA que reflejan la creciente preocupación por los riesgos éticos y sociales asociados con su rápida evolución. Los expertos y defensores de la ética en la IA argumentan que es fundamental establecer marcos regulatorios sólidos antes de avanzar aún más. Esto implica considerar aspectos como la privacidad, la discriminación algorítmica, la seguridad cibernética y el empleo. La demora propuesta busca garantizar que la IA se desarrolle de manera responsable, promoviendo la transparencia y la rendición de cuentas, y que se prioricen los beneficios para la sociedad sobre los intereses comerciales. Sin embargo, equilibrar la innovación y la regulación será un desafío clave en este proceso.
La UE trabaja en lo que será la Ley de Inteligencia Artificial, la primera ley integral sobre IA del mundo, para garantizar que los sistemas de IA utilizados en la UE sean seguros, transparentes, trazables, no discriminatorios y respetuosos con el medio ambiente. El 14 de junio de 2023, los eurodiputados adoptaron su posición negociadora sobre la ley de IA. Ahora comenzarán las conversaciones sobre la forma final de la ley en el Consejo, junto a los países de la UE. Su objetivo es alcanzar un acuerdo a finales de este año.
Es posible que si no tenemos la certeza de a dónde vamos corramos el riesgo de terminar en cualquier otro lugar, y este es un riesgo que deberíamos evitar. La ficción nos ayuda, en algunas ocasiones, a reflexionar sobre ello.
Julio Verne dijo que “La Tierra no necesita nuevos continentes, sino nuevos hombres”.
A saber cómo interpretó esto, A.L.I.E, la inteligencia artificial creada por Becca en la serie.
En fin, tan sólo es ficción. Espero.
Categorías: Negocios
Higinio Iglesias
Corredor de seguros y otras aficiones
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